Vuela, sus pies apenas rozan el suelo. Es vida, fantasía, su juventud irradia sabiduría.
En su mirada flotas si consigues evitar el naufragio ante la inmensidad de esos ojos de avellana. Cerrojo y espejo traslúcido de su desbordado corazón, guarda en ella un sinfín de sentimientos. Creo que ésa es su fuerza.
Unos ojos tan limpios y a la vez tan llenos...Tan encendidos de curiosidad, incendiados de pasión por la vida que la espera, que baila con ella y contra ella.
Simple, como el fuego, como una chispa, como el agua ella es esencia. Es aquí y ahora, es amor en estado puro, es elemento.
Amor por todas las cosas que conoce y las que quedan por venir...
Rompe los días con sus pasos, llena de luz las estrellas y las noches, los días y los corazones, y el suyo es TAN grande que podría abarcar galaxias enteras, podría hacer caber en él todas las cosas hermosas del planeta, que no son pocas.
Su sonrisa es un estallido de ternura, de ésa que sólo tienen los niños, y que pocos logran conservar; simpatía traviesa, siempre al compás de su corazón revuelto.
Es luchadora, justa con sus principios y generosa con los ajenos. Va perdida en las riendas de sus propios sueños, pero nunca baja del caballo, por más tormentas que vengan.
Ella es Bea, mi trocito de cielo, mi compañera de vuelos.
Espero que t'agradi, petita. Es un regal atrassat de cumple :) Mi forma especial de decirte que te quiero Así.
Y no lo releo para no cambiar nada!
martes, 20 de abril de 2010
Quiero sentir
Quiero sentir, poder pasearme sobre las olas, dejar huella en la arena. Transformar el camino, incidir en destino y porvenir, lanzar piedras al agua dando saltos y rebolcarme en un millón de posibles metas, sin importar el resultado.
Quiero creer que quiero, que lloro porque siento, que siento porque vivo y no vivo del lamento . Soy viento. Soy aire entrelazándome entre corrientes, una gota de cielo limpio vagando sin rumbo en un mar de serpientes.
Soy lujúria encerrada, fulgor de silencio...
Soy el Sol encerrado en un cuento.
Quiero creer que quiero, que lloro porque siento, que siento porque vivo y no vivo del lamento . Soy viento. Soy aire entrelazándome entre corrientes, una gota de cielo limpio vagando sin rumbo en un mar de serpientes.
Soy lujúria encerrada, fulgor de silencio...
Soy el Sol encerrado en un cuento.
lunes, 19 de abril de 2010
No quiero pensar...
Últimamente me abstengo de pensar... Creo que me estoy ahogando en un bucle de falsa indiferencia.
Mediocridad y miedo al fracaso, incapaz de levantar el vuelo hacia el sol que se esconde tras estas nubes rutinarias y este eterno invierno... Y entretanto esta máscara que resbala con cada tormenta salada, que me desgarra en las profundidades y vuelve mis dedos un poco más torpes, un poco más débiles sosteniendo la bandeja de un destino que no quiero.
Mediocridad y miedo al fracaso, incapaz de levantar el vuelo hacia el sol que se esconde tras estas nubes rutinarias y este eterno invierno... Y entretanto esta máscara que resbala con cada tormenta salada, que me desgarra en las profundidades y vuelve mis dedos un poco más torpes, un poco más débiles sosteniendo la bandeja de un destino que no quiero.
martes, 23 de febrero de 2010
Una parada en el camino de vuelta a casa
Me paré, esperando algo. Un grito, una señal, lluvia, el hombre de mi vida, algo. Pero los coches seguían su camino, uno detrás de otro, con ese ruido tan molesto, obligándome a subir la música que retumbaba suavemente en mis oídos. Y la calle siguió desierta, tan oscura como antes, tan oscura como la desesperación que continué arrastrando conmigo al reanudar el paso.
miércoles, 27 de enero de 2010
Fragmento de "Como una muñeca rusa" : El despertar
Había estado 6 meses en coma. Mi familia había muerto. Mi hermosa mujer y mi preciosa hija estaban bien enterradas en el cementerio de Canterbury desde aquel fatídico 14 de Abril. La felicidad de unas vacaciones para escapar de nuestra ajetreada vida en Londres se había desvanecido cual fantasma en la niebla. No me quedaba nada, a excepción de las punzantes cicatrices que me hacían revivir lo sucedido y me recordaban constantemente quién era y lo que había hecho. Recuerdo que me pregunté por qué no había muerto yo también, pero, -ahora me doy cuenta-, aquel día morí con ellas y sólo quedó de mí un espectro errante colmado de culpa y desesperación.
Fui, durante años, vagabundo del pasado, un peatón más en las calles de una vida vacía, evocando cada instante ocurrido, impregnándome de ese feliz tormento que me recubría con sus agujas hirientes. Un joven muerto, un loco enamorado de su muerte, un asesino desolado que recordaba fervientemente la vida que ya no podía tener, pues merecía cada gramo de dolor con el que pudiera cargar. Yo, y sólo yo, era el culpable del terrible accidente que protagonizaba mis pesadillas noche tras noche.
Había estado tantas veces al borde del suicidio en los últimos 5 años que acabé por darme cuenta de que nunca podría hacerlo, pues aunque nunca me culparía lo suficiente como para sentirme perdonado, la muerte era la escapatoria, la vía fácil, y prefería vivir con un recuerdo muerto que morir como un cobarde sin valores.
Un día de iluminación cogí el coche y me dirigí a Canterbury. Dormí toda la noche sin interrupciones y al despertar me duché y me vestí, me afeité la barba que había dejado crecer durante todo aquel tiempo de luto y me corté el pelo de forma que mi apariencia no me doblara en edad, un peinado más acorde a mis 35 años.
Con el aire renovado, salí de la casa para dirigirme hacia la floristería más cercana, y después de comprar un narciso y una amapola, -las flores preferidas de mis dos amores-, me encaminé hacia el cementerio.
Lloraba como un niño antes siquiera de encontrar las lápidas que rezaban sus nombres. Me arrastraba ya cuando las divisé, justo al lado de un viejo roble.
Aquella escena me transmitió una paz sorprendente, pero no fui capaz de abandonar el cementerio hasta el anochecer. Sabía que no volvería en mucho, mucho tiempo, y debía soltar todos los demonios que llevaba dentro, vomitar las angustias de cinco años de soledad, acariciar todos los recuerdos por última vez para depositarlos en el fondo de un corazón vacío, y dejarlo allí, en la paz de aquel lugar, antes de marcharme.
Como una muñeca rusa,
Alba Esparza
2009
Fui, durante años, vagabundo del pasado, un peatón más en las calles de una vida vacía, evocando cada instante ocurrido, impregnándome de ese feliz tormento que me recubría con sus agujas hirientes. Un joven muerto, un loco enamorado de su muerte, un asesino desolado que recordaba fervientemente la vida que ya no podía tener, pues merecía cada gramo de dolor con el que pudiera cargar. Yo, y sólo yo, era el culpable del terrible accidente que protagonizaba mis pesadillas noche tras noche.
Había estado tantas veces al borde del suicidio en los últimos 5 años que acabé por darme cuenta de que nunca podría hacerlo, pues aunque nunca me culparía lo suficiente como para sentirme perdonado, la muerte era la escapatoria, la vía fácil, y prefería vivir con un recuerdo muerto que morir como un cobarde sin valores.
Un día de iluminación cogí el coche y me dirigí a Canterbury. Dormí toda la noche sin interrupciones y al despertar me duché y me vestí, me afeité la barba que había dejado crecer durante todo aquel tiempo de luto y me corté el pelo de forma que mi apariencia no me doblara en edad, un peinado más acorde a mis 35 años.
Con el aire renovado, salí de la casa para dirigirme hacia la floristería más cercana, y después de comprar un narciso y una amapola, -las flores preferidas de mis dos amores-, me encaminé hacia el cementerio.
Lloraba como un niño antes siquiera de encontrar las lápidas que rezaban sus nombres. Me arrastraba ya cuando las divisé, justo al lado de un viejo roble.
Aquella escena me transmitió una paz sorprendente, pero no fui capaz de abandonar el cementerio hasta el anochecer. Sabía que no volvería en mucho, mucho tiempo, y debía soltar todos los demonios que llevaba dentro, vomitar las angustias de cinco años de soledad, acariciar todos los recuerdos por última vez para depositarlos en el fondo de un corazón vacío, y dejarlo allí, en la paz de aquel lugar, antes de marcharme.
Como una muñeca rusa,
Alba Esparza
2009
Nadja
Nadja y yo nos conocimos en el grupo de teatro del instituto, el primer día de clase de mi primer curso de bachillerato. La vi nada más poner un pie en el aula. Deslumbraba a todas las demás chicas de la habitación. Me observó con aquellos enormes ojos mientras entraba, mientras salvaba dando traspiés la distancia que me separaba del resto de los alumnos, mientras me sentaba nervioso, mientras comprobaba si todavía me miraba, mientras me sonrojaba…
Sus ojos verdes emitían esa especie de emoción contenida que me dejaban sin respiración en cada impulso de devolverle la mirada. Su cabellera negra se escurría por sus hombros y su torso hasta la estrecha cintura, enredándose y desenredándose sus rizos a cada bocanada de aire que tomaba. Sus manos tostadas jugaban alegres con aquel collar de cuentas y con su pelo, mientras su sonrisa jugaba conmigo cual estrella fugaz que pasa ante los ojos de un soñador…
Al acabar la clase, se acercó a mí con una sonrisa radiante. Me tenía hechizado y lo sabía. No me dijo ni una sola palabra, y ambos nos quedamos mirándonos fascinados durante un intenso minuto. Después, como si hubiera estado escrito, nos tomamos de la mano y echamos a andar.
Como una muñeca rusa, Alba Esparza
Como una muñeca rusa, Alba Esparza
martes, 26 de enero de 2010
Divagando en el jardín de atrás
Vengo de una estrella llamada Sol. Mi vida es vuestra muerte, sin mi existencia vuestros días están contados.
Toda muerte es vida en sí misma. Todo crece y muere sin más, sin embargo los hombres no teneis suficiente...
Parásitos de la Tierra, destructores de vidas ajenas con tal de alargar lo que entendeis por la vuestra... Ignorantes, sólo traeis la destrucción con aquello que llamais progreso. Bastardos, la evolución no reside en la alienación sino en la armonía del universo, sólo sois una fútil pieza pudriente del significado del todo, cegada por su propio porvenir...
Toda muerte es vida en sí misma. Todo crece y muere sin más, sin embargo los hombres no teneis suficiente...
Parásitos de la Tierra, destructores de vidas ajenas con tal de alargar lo que entendeis por la vuestra... Ignorantes, sólo traeis la destrucción con aquello que llamais progreso. Bastardos, la evolución no reside en la alienación sino en la armonía del universo, sólo sois una fútil pieza pudriente del significado del todo, cegada por su propio porvenir...
viernes, 22 de enero de 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Nostalgia - Yozoh
http://www.youtube.com/watch?v=ISz-RZXZaLE
Necesitaba compartir un momento tan lleno.
Creo que poco a poco aprendo a convivir con mi soledad. A no sentirme vacía, sino a sentir, a escucharme. Aquí, ahora. A querer a la nostalgia. Desear que no entre nadie por la puerta, mirar hacia ninguna parte, hacia dentro. Sentirme sola, llena.
http://www.youtube.com/watch?v=ISz-RZXZaLE
Necesitaba compartir un momento tan lleno.
Creo que poco a poco aprendo a convivir con mi soledad. A no sentirme vacía, sino a sentir, a escucharme. Aquí, ahora. A querer a la nostalgia. Desear que no entre nadie por la puerta, mirar hacia ninguna parte, hacia dentro. Sentirme sola, llena.
sábado, 26 de diciembre de 2009
jueves, 24 de diciembre de 2009
No pensaba hacer esto... pero realmente me siento muy feliz entre los míos estos días, y creo que, dejando a parte todo el tema consumismo, hemos encontrado una excusa para parar los relojes por unos días y disfrutar de la compañía que nos hace felices... Así que, sí, a mí me ENCANTA la Navidad y por lo tanto...
Os deseo una Feliz Navidad a todos!!
Os deseo una Feliz Navidad a todos!!
martes, 22 de diciembre de 2009
Propósitos para el nuevo año
Crecer.
Crecer como persona, como hermana, como hija, como amiga, como diseñadora, como pequeña artista. Crecer con todos los sentidos. Escuchar, mirar el mundo con ojos de agua, impregnarme, explotar cada minuto, no perderme nada. Reír y llorar, limpiarme de frustraciones y de "no puedos". Vivir, pasar frío, y calor...
Madrugar con una sonrisa y bailar, bailar en la ducha, en el metro, en la cola del súper...Darlo todo sobre el escenario. Cantar para mis adentros, por la calle, a grito pelado, tararear en los vestuarios, susurrar una canción al oído... No dejar nada por hacer. Saborear los dulces y endulzar los amargos, condimentar lo aburrido, comerme las tristezas...Y ante todo, dar muchos abrazos y regalar infinitas sonrisas!
Vivir.
En definitiva, crecer, que un par de centímetros más no me irían mal...
Crecer como persona, como hermana, como hija, como amiga, como diseñadora, como pequeña artista. Crecer con todos los sentidos. Escuchar, mirar el mundo con ojos de agua, impregnarme, explotar cada minuto, no perderme nada. Reír y llorar, limpiarme de frustraciones y de "no puedos". Vivir, pasar frío, y calor...
Madrugar con una sonrisa y bailar, bailar en la ducha, en el metro, en la cola del súper...Darlo todo sobre el escenario. Cantar para mis adentros, por la calle, a grito pelado, tararear en los vestuarios, susurrar una canción al oído... No dejar nada por hacer. Saborear los dulces y endulzar los amargos, condimentar lo aburrido, comerme las tristezas...Y ante todo, dar muchos abrazos y regalar infinitas sonrisas!
Vivir.
En definitiva, crecer, que un par de centímetros más no me irían mal...
jueves, 17 de diciembre de 2009
martes, 15 de diciembre de 2009
Rescatando palabras
Llora, porque las lágrimas secan el dolor,
aunque sólo sea por un rato, llora.
Llora las lágrimas que las nubes contienen, moja el asfalto.
Siente su cálido consuelo en tus mejillas,
su salada amargura resbalando hasta los pies que miras, descalzos,
porque crees que el cielo no merece este tormento.
Él también guarda sus batallas en las nubes que pinta en sus días grises.
Siente, siente la alegría, el dolor.
Siente los celos, la envidia, la incomprensión, la dulzura de sus ojos de ángel, de su sonrisa eterna, de sus manos, de sus cielos... Pero no te alejes del suelo, pues este ángel no tiene alas.
Siente temblar el suelo a cada paso, siente cómo se escapa el tren sin tu corazón dentro.
Siente la desesperación del querer lo ya deseado, de tener vapor en vez de lágrimas, de no poseer NADA, pese a creer haber atrapado un sueño...
Siente el frío, sentada en este banco de madera húmeda.
Siente el viento, siente tu tormento.
Un día inconcreto de finales de primavera
aunque sólo sea por un rato, llora.
Llora las lágrimas que las nubes contienen, moja el asfalto.
Siente su cálido consuelo en tus mejillas,
su salada amargura resbalando hasta los pies que miras, descalzos,
porque crees que el cielo no merece este tormento.
Él también guarda sus batallas en las nubes que pinta en sus días grises.
Siente, siente la alegría, el dolor.
Siente los celos, la envidia, la incomprensión, la dulzura de sus ojos de ángel, de su sonrisa eterna, de sus manos, de sus cielos... Pero no te alejes del suelo, pues este ángel no tiene alas.
Siente temblar el suelo a cada paso, siente cómo se escapa el tren sin tu corazón dentro.
Siente la desesperación del querer lo ya deseado, de tener vapor en vez de lágrimas, de no poseer NADA, pese a creer haber atrapado un sueño...
Siente el frío, sentada en este banco de madera húmeda.
Siente el viento, siente tu tormento.
Un día inconcreto de finales de primavera
lunes, 14 de diciembre de 2009
Esperant
Els peus freds sobre l'herba del jardí. Vint-i-quatre de desembre. Sol. València.
L'albufera es cola als pulmons. Els pins s'agiten negitosos.
Fa fred, però el Sol m'escalfa l'ànima.
Em sento flotant en un silenci tranquil, però els cinc sentits estan alerta.
És Nadal, i una vida truca a la porta.
L'albufera es cola als pulmons. Els pins s'agiten negitosos.
Fa fred, però el Sol m'escalfa l'ànima.
Em sento flotant en un silenci tranquil, però els cinc sentits estan alerta.
És Nadal, i una vida truca a la porta.
Otro despertar
Abres los ojos.
Frío.
Ducha.
Albornoz.
Café.
Buenos días.
Secador.
Braguitas.
Sujetador.
Pantalones.
Camiseta.
Otra camiseta.
Otra vez la anterior.
Jersey.
Calcetines.
¿Converse?
Botas.
Lápiz de ojos.
Cepillo de dientes.
Un adiós rápido.
Llaves.
Móvil.
Cartera.
Portazo.
Prisa.
Ascensor.
Otro portazo.
Respiras.
Llegas tarde.
Corres.
Sale el Sol, los pulmones queman.
Estoy viva.
Una sonrisa.
Frío.
Ducha.
Albornoz.
Café.
Buenos días.
Secador.
Braguitas.
Sujetador.
Pantalones.
Camiseta.
Otra camiseta.
Otra vez la anterior.
Jersey.
Calcetines.
¿Converse?
Botas.
Lápiz de ojos.
Cepillo de dientes.
Un adiós rápido.
Llaves.
Móvil.
Cartera.
Portazo.
Prisa.
Ascensor.
Otro portazo.
Respiras.
Llegas tarde.
Corres.
Sale el Sol, los pulmones queman.
Estoy viva.
Una sonrisa.
Distancia
Esperaba ansiosa, pero el teléfono no sonó en toda la mañana.
Ni durante la tarde.
Y aunque hubiera pasado la noche en vela, ningún sonido la habría despertado.
Ni durante la tarde.
Y aunque hubiera pasado la noche en vela, ningún sonido la habría despertado.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Cosas pendientes
No pensar.
Borrar
lo escrito en la piel.
Lavar
momentos de gloria.
Decolorar caricias.
Limpiar de gestos
madrugadas
y silencios llenos.
Vaciar el alma.
Adormecer sentires.
Pintar de desesperanza
los crepúsculos.
Desteñir el cielo
de gaviotas
y vuelos.
Enmudecer
las noches...
Y los árboles.
Bajar
y descolgar la luna.
Apagar las estrellas
ÁNGELA BECERRA
Borrar
lo escrito en la piel.
Lavar
momentos de gloria.
Decolorar caricias.
Limpiar de gestos
madrugadas
y silencios llenos.
Vaciar el alma.
Adormecer sentires.
Pintar de desesperanza
los crepúsculos.
Desteñir el cielo
de gaviotas
y vuelos.
Enmudecer
las noches...
Y los árboles.
Bajar
y descolgar la luna.
Apagar las estrellas
ÁNGELA BECERRA
martes, 8 de diciembre de 2009
Volviendo a casa un falso domingo
Hacer fotografías con la mirada,
jugar a componer sentimientos en el aire de la noche.
Oler el invierno y la calma,
sentir el movimiento y la paz de saberse solo en un lugar.
Pedir a gritos ahogados compañía,
enfrentarnos solos al camino de vuelta a casa.
Y sentarse, porque no hay prisa, a acunar la soledad.
jugar a componer sentimientos en el aire de la noche.
Oler el invierno y la calma,
sentir el movimiento y la paz de saberse solo en un lugar.
Pedir a gritos ahogados compañía,
enfrentarnos solos al camino de vuelta a casa.
Y sentarse, porque no hay prisa, a acunar la soledad.
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